TALENTO DEPORTIVO EN TIEMPOS DE CRISIS
Que estamos viviendo/sufriendo una crisis sistémica (de oferta y de demanda simultáneamente) sin precedentes desde el crac del 29 no es ninguna novedad. En los últimos meses, las librerías se han poblado de textos que nos explican cómo es esta crisis, qué paralelismos guarda con otras anteriores (la de los tulipanes en Holanda en el XVII, la de la Compañía de los Mares del Sur en la Inglaterra del XVIII, la gran depresión, la década perdida nipona, la burbuja de las puntocom; incluso, yendo mucho más atrás, la caída del Imperio Romano) y quiénes son los culpables de que hayamos llegado hasta aquí (los especuladores, los reguladores, las entidades financieras, las constructoras e inmobiliarias, las agencias de rating, los gobiernos, etc). Está menos claro –y sería tanto o más interesante- analizar, comprender y actuar sobre la responsabilidad de cada uno de nosotros. En esto, el talento deportivo nos puede ayudar… y mucho.
Básicamente, en tres frentes. El primero, profesionalizando las organizaciones deportivas. La crisis española, dentro del contexto internacional, está siendo especialmente grave en términos de destrucción de empleo dado que nuestro país ha crecido sobre todo gracias a la construcción y al turismo, sectores intensivos en mano de obra. ¿Qué podemos hacer? Más empresa y menos negociete. Fernando Trías de Bes nos recuerda en su libro El hombre que cambió su casa por un tulipán, que en el año 2000 había en España 64.780 empresas inmobiliarias y ocho años más tarde, nada menos que 172.851 empresas de este sector. ¿Empresas realmente? Dos tercios, unas 120.000 compañías, no tienen ningún asalariado. Con más de 100 empleados, en nuestro país hay apenas 140 inmobiliarias.
Unos ex consultores de McKinsey (en concreto, cuatro genios del management: Tom Peters, Robert Waterman, Richard Pascale y Tony Athos) nos enseñaron a principios de los años ochenta que para que una organización sea realmente una empresa, necesita de siete claves que en inglés empiezan por S (modelo de las 7S) y que en castellano podrían empezar por E: Estrategia, Estructura, Elementos de información, Entendimiento (Valores compartidos), Estilo de Liderazgo, Empleabilidad y Entorno (Clima de satisfacción, rendimiento y desarrollo). Desgraciadamente, la mayoría de las empresas que pasan por empresas son negocios (como esas “inmobiliarias” sin empleados): en lugar de una estrategia integral que enfoca el talento, improvisan; en vez de un diseño organizativo, practican la melé; impera la desinformación y el silencio; no hay valores compartidos, sino el “asunto” (a lo que se dedican); el jefe/patrón carece de calidad directiva; practica la transacción (“yo hago como que te pago, tú haces como que trabajas) y en lugar de un contrato de empleabilidad, elige puntualmente especialistas pero no hace equipo. Por ello, la productividad y la competitividad son tan bajas.
Pensemos por ejemplo en el mundo del fútbol. La primera división, en su conjunto, tiene una deuda de alrededor de 3.500 millones de euros. Toda una burbuja, que puede estallar antes o después si no se toman medidas. Austeridad, innovación, buena gestión. Poner al talento (empezando por el directivo) en el lugar que merece.
Por otro lado, los valores del deporte han de ser trasladados al mundo de las organizaciones no deportivas. Nuestros mejores tenistas, jugadores de fútbol o baloncesto, corredores de fórmula uno son el principal reclamo en las campañas de marketing de empresas punteras, lo que demuestra hasta qué punto su éxito (su puesta en valor) y sus propios valores son apreciados por la ciudadanía. Sin embargo, no es suficiente. Las empresas han de transformarse, humanizarse, desde los valores de esfuerzo, de compromiso, de serenidad, de trabajo en equipo que son esenciales en el mundo del deporte. En el deporte, sin grandeza no hay triunfo. Las empresas han de comprenderlo y actuar en consecuencia.
El tercer gran ámbito del talento deportivo para superar esta crisis es el del desarrollo del propio talento (individual y colectivo) a través del coaching. Necesitamos utilizar metodologías para el alto rendimiento fiables, eficaces, enormemente útiles, que nos hagan llegar más lejos, más alto, más fuertes. En un sistema económico globalizado, las organizaciones españolas (deportivas y no deportivas) no pueden competir en pie de igualdad si no desarrollan su talento convenientemente.
También en estos momentos difíciles, el talento es más escaso que el capital. El talento deportivo puede enseñarnos mucho para aprovechar las oportunidades que esta crisis presenta.
Por:
Juan Carlos Cubeiro, Presidente de Eurotalent.
Un saludo desde AECODE![]()













